La relocalización de operaciones productivas y logísticas hacia América Latina se ha convertido en una prioridad estratégica para empresas que abastecen el mercado estadounidense. Sin embargo, el nearshoring no consiste únicamente en acercar la producción geográficamente: implica diseñar una operación eficiente, predecible y resiliente, capaz de sostenerse en el largo plazo.
En este proceso, la selección del país, la ciudad y, especialmente, el entorno operativo juega un rol determinante en la mitigación de riesgos y en la competitividad de la operación.
Principales riesgos que buscan mitigar las empresas
Al evaluar una estrategia de nearshoring, las compañías suelen enfocarse en reducir riesgos estructurales que afectan costos, servicio y continuidad operativa, entre ellos:
- Dependencia excesiva de cadenas de suministro largas y fragmentadas
- Alta variabilidad en tiempos de entrega
- Costos logísticos impredecibles
- Complejidad regulatoria y aduanera
- Falta de infraestructura adecuada para escalar operaciones
El nearshoring busca equilibrar costo y control, acercando la operación al mercado final sin sacrificar eficiencia ni visibilidad sobre la cadena de suministro.
La importancia de la ubicación dentro del país
No todas las ciudades ofrecen las mismas condiciones para una operación orientada a exportación. Factores como la cercanía a puertos, la calidad de la infraestructura, la conectividad internacional y la experiencia logística local tienen un impacto directo en el desempeño operativo.
Las ubicaciones con vocación portuaria y trayectoria en comercio exterior permiten reducir fricciones en los procesos de importación, transformación y exportación, facilitando la integración con cadenas globales y mejorando la previsibilidad.
Cartagena como entorno de bajo riesgo operativo
Cartagena se ha consolidado como uno de los principales hubs de comercio exterior en Colombia. Su infraestructura portuaria, su conectividad marítima con Estados Unidos, Europa y el Caribe, y la concentración de servicios especializados permiten a las empresas:
- Mejorar la previsibilidad en tiempos logísticos
- Reducir la complejidad operativa
- Operar bajo estándares internacionales
- Implementar modelos de producción y distribución orientados a exportación
Estas condiciones son especialmente valoradas por empresas que trasladan operaciones desde regiones más lejanas y buscan mayor control sobre su cadena de suministro.
El rol de la zona franca en la mitigación de riesgos
Operar dentro de una zona franca permite estructurar procesos con mayor control, eficiencia y trazabilidad. Este régimen ofrece un entorno regulado que facilita la planeación operativa, el manejo de inventarios y la optimización de flujos de importación y exportación.
Además, las zonas francas permiten integrar distintas etapas de la operación —almacenamiento, transformación y distribución— en un mismo espacio, reduciendo tiempos, costos indirectos y puntos de fricción.
Una decisión que va más allá del costo laboral
Las empresas que hoy relocalizan operaciones ya no evalúan únicamente el costo de la mano de obra. Factores como estabilidad operativa, eficiencia logística, escalabilidad, cumplimiento regulatorio y acceso a mercados internacionales son ahora determinantes.
En este contexto, plataformas como Zona Franca Parque Central, ubicadas en un entorno logístico maduro como Cartagena, permiten estructurar operaciones de nearshoring con una visión de largo plazo, mayor previsibilidad y menor exposición al riesgo operativo.
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